lunes, 11 de octubre de 2010

El Secreto Sibilante (última parte)

Empezamos a entender el paso del tiempo. Las noches y los días. Los sonidos, el movimiento. Lo tangible y lo intangible. Siguieron mezclándose los unos con los otros, ellos, nosotros, todos... menos yo. Permanecí ageno a todo, viendo como los demás cambiaban, vivían, morían, aparecían y desaparecían. No dejaban rastro y llegó un momento en el que nada tenía sentido para mí. Descubrí otras formas de percibir el mundo. El tacto, el olor y la vista. Ésta última hizo que todo estuviese más claro, pero también me embotó parte de la mente. Y la muerte lo cubrió todo.
    Los nuestros tuvieron que ocupar los territorios del agua. Los Dragones desaparecieron casi en su totalidad. Pasó el tiempo, y evolucionamos. Nos civilizamos. Se olvidaron de cómo empezó todo. Se olvidaron de mí. Su pensamiento se volvió plano y simple. Empezaron a hacerse fuertes y los que no pudieron adaptarse, tuvieron que huir al exilio. Para mantener su nivel de vida, recogían la luz y otras energías con grandes y complejos sistemas que se extendían por todo el mundo. Se volvieron recelosos y desconfiados. Para proteger éstos complejos, recogieron lo que quedaba de los Dragones, y crearon los "guerreros". Con ellos, la perdición de los Antiguos.

miércoles, 6 de octubre de 2010

Distinguir correctamente entre el bien y el mal no tiene porqué ser necesariamente bueno.

Las mentiras son verdades olvidadas.
Tarde o temprano se descubre la mentira, y sale a la luz la verdad, 
pero poco a poco la verdad se transforma y se fragmenta. 
Entonces se une con pequeñas mentiras y se crea la leyenda.


martes, 28 de septiembre de 2010

Cumas

Llegó desde el territorio más al este del país, hasta otro país aún por estrenar.
Su aspecto era extraño, una gran mujer. En muchos sentidos.
Se decía que su madre había sido un ser sobrenatural, ya que no se entendía cómo una mujer como aquella podía ser natural. Bueno, lo natural y lo sobrenatural tienen siete letras en común...
Se dice que hizo un trato con su dios favorito, puede que sí o puede que no. Se dice que vivió nueve vidas. Tal vez no fuesen nueve seguidas.
Su clarividencia era prodigiosa, y sus habilidades proféticas inconmensurables.
Cuenta la historia que se presentó ante un Rey Romano con nueve libros en la mano. Nueve libros proféticos. El precio que pedía por ellos le resultó ridículo al rey, así que ella destruyó tres. Volvió a ofrecerle Seis libros, al mismo precio que había pedido por los nueve. Tras lo cual el rey se rió de ella, y por lo tanto la, ya por aquel entonces, anciana, destruyó tres más. Le ofreció por último los tres restantes, al precio original. El rey no pudo resistirse ante el temor de ver los nueve libros destruidos.

Mucho después de que esta Profetisa desapareciera, sus profecías se seguían consultando con obsesiva meticulosidad. Fueron destruidos finalmente por el fuego, de la misma manera que fueron destruidos otros libros de la misma índole, reunidos para sustituir a éstos.



Malditos sean lo que usan el Fuego en contra de los Libros.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

El Secreto Sibilante (part II)

Y entonces aparecieron "los otros". Tan distintos de los nuestros como la materia lo es del espacio. Como lo es el cielo de la tierra. Empezaron a multiplicarse con mucha rapidez, y a ocuparlo todo. Podíamos existir todos en el mismo lugar, porque nuestras naturalezas eran distintas, aunque en el fondo, seguíamos siendo iguales. Fue entonces cuando me moví por primera vez... o cuando fui consciente por primera vez de que me movía. También fui consciente de una energía agena a nosotros, que reaccionaba de forma distinta en las dos razas. La luz. Ellos empezaron a diferenciarse, y los hubo que se unieron con algunos de los nuestros. De ellos nacieron los llamados: Hijos de la Tierra. Tenían un tamaño determinado. Aunque no lo entendimos hasta mucho después, fue entonces cuando todo empezó. Se relacionaban y se comunicaban entre ellos. Reaccionaban a la luz de forma diferente que nosotros. Con ellos llegó la muerte.

lunes, 20 de septiembre de 2010

Animales Extraordinarios

Los seres humanos nacen con los ojos abiertos, pero son incapaces de ver.
Apuesto a que hay cosas a día de hoy, que todavía no habéis visto nunca...

Existe cierto ser, un animal muy curioso.
Tiene cabeza de reptil, ojos de reptil,  boca de reptil y su cola también es de reptil. Sin embargo, sus garras son de halcón, aunque no siempre las deja ver. Sin embargo, tiene orejas de zorro y es suave como un conejo.

Tiene un caracter violento y una sed de sangre casi insaciable, sin embargo, su lealtad es incondicional. Su camaradería con los de su especie, roza lo puramente humano. De conseguir domar uno, hay que saber que sólo él elige a su amo y lo será de por vida.

Reflexionad un poco, seguro que os suena de algo.

domingo, 19 de septiembre de 2010

Orión

El gran cazador, el del arco y mirada penetrante. Aquel capaz de sentarse con los dioses, y tener su respeto.


Orión, el señor de la montaña, surgido del mar. Es curioso como se le ha desprestigiado con el paso del tiempo, a pesar de que su historia sigue escrita en las estrellas. Orion, el protegido de la caza, cazado por el Escorpión, pues el que a hierro mata, a hierro muere. Su amistad con la diosa nocturna, la cual juró libertad eterna sobre cualquier hombre, es otro dato curioso. Puesto que ningún hombre goza del favor de ésta diosa. Es curioso que, tras tantos milenios, una pierda la buena fama, el género, e incluso la humanidad...

miércoles, 15 de septiembre de 2010

El Secreto Sibilante (part I)

Cuando me di cuenta de que existía, me di cuenta de que estaba solo.
Todo a mi alrededor se agitaba. Todo vibraba debajo de mí, y por encima a mucha distancia.
No se cuanto tiempo pasó, porque el tiempo para mí no existía, pero de la misma manera en la que yo aparecí, aparecieron los demás.
Ellos se fusionaban y se dividían, se "terminaban" y se multiplicaban.
Millones de veces hicieron eso, hasta que aparecieron las otras vibraciones. Miles de millones, trillones de miles de millones, por todas partes. Vibraciones tan débiles que no parecían tener nada que ver con las que había antes de mí.
Y de pronto, todo dejó de vibrar. Justo cuando comprendí que aquellas vibraciones emitían sonido, dejaron de hacerlo. Fui consciente de que todos y cada uno de nosotros, emitíamos diferentes sonidos, y teníamos millones de formas distintas de sentir el sonido, y de sentir lo que nos rodeaba. Ellos seguían fusionándose y dividiéndose, diferenciándose cada vez más de lo que eran esencialmente en un principio.